La Trinidad – la comunidad que empieza de cero por tercera vez

POR: LIINU DIAZ RäMö

Las personas que habitan en La Trinidad son luchadoras. Juntas han enfrentado reto tras reto –  desde sobrevivir un conflicto armado, al retorno y ahora una erupción volcánica. Estar unidas y organizadas ha empujado a la población hacia adelante y les ha salvado la vida. 

– Llegar aquí, de las champas de nailon en México, era una maravilla. Tener algo propio, tierra que era mía, era como un sueño. Estaba feliz.

Simeón Camposeco, uno de los líderes de La Trinidad, nos muestra el mural que cuenta la historia de la comunidad. Al igual que la mayoría de las personas que viven en las faldas del Volcán de Fuego, Simeón ha sido víctima del conflicto armado interno de Guatemala. Durante 15 años vivió en México, en campamento tras campamento. Finalmente, el 15 de octubre del 1998, Simeón y 110 familias llegaron a lo que hoy se conoce como La Trinidad.

– Cuando llegamos no había nada. Solo un campo de caña. Nosotros sembramos el café, lo trabajamos y cosechamos año tras año. Construimos nuestras casas y vimos crecer a nuestra comunidad.

Estar unidos es fortaleza

La Trinidad es una muestra de la potencia de la organización y cooperación. Juntas han logrado sobrevivir y seguir adelante.

– La organización ha jugado un papel importantísimo. Si no fuera por ella hubiéramos perdido nuestras vidas en el conflicto. Tuvimos que salir corriendo de nuestras casas porque el ejército las estaba quemando. Dejamos a nuestros animales, nuestras viviendas, todas nuestras cosas. Huimos sin nada, pero juntos llegamos salvos a México, recuerda Simeón.

En México estar organizados fue un instrumento de desarrollo y sobrevivencia para las personas que habían huido de Guatemala. Estaban en un país desconocido, sin una red social, que no ofrecía muchas oportunidades. Mujeres, jóvenes y hombres se organizaron alrededor del sueño de regresar a su patria. Por lo tanto, muchas organizaciones referentes en Guatemala nacieron en el exilio.

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El Volcán de Fuego sigue activo. Es un riesgo para las comunidades en su cercanía. Foto: Liinu Diaz RämöLa Trinidad ha sobrevivido el conflicto armado interno de Guatemala, el retorno y ahora una erupción volcánica. Foto: Liinu Diaz RämöEl mural de La Trinidad cuenta la historia de la comunidad. Foto: Liinu Diaz Rämö"Hoy, al ver nuestra comunidad, pareciera que no ha pasado nada. Las viviendas, ahí están, igual que antes". Foto: Liinu Diaz RämöLos lahares del volcán llegaron a solo 500 metros de las casas de La Trinidad. Gran parte de los cultivos de café fueron destruidos. Foto: Liinu Diaz RämöEl anterior camino a los cultivos de la comunidad se destrozo con el flujo de lahares. Foto: Liinu Diaz RämöFelipe está apoyando los esfuerzos de la comunidad. Foto: Liinu Diaz RämöLa Trinidad ha organizado grupos que resguardan las viviendas. Foto: Liinu Diaz Rämö

No esperábamos esto

Al regresar a Guatemala el gobierno reubicó a la población retornada en las faldas del Volcán de Fuego. Aquí había una gran finca que las personas retornadas pudieron comprar. Lo que no sabían en ese entonces era que estaban en tierras peligrosas. El volcán, que veían día tras día, podía convertir la zona en un infierno en pocos segundos.

– Nosotros no sabíamos que lo que era un volcán, menos el daño que nos podía hacer. Nunca nos imaginamos los riesgos. El gobierno, que nos vendió el terreno, lo debe haber sabido. Pero no nos dio ninguna advertencia. No nos presentó ningun análisis de riesgo, dice Simeón con una mirada fatigada.

– No nos quejamos de lo que tuvimos. Tuvimos buenos años aquí. Prosperamos, nuestros hijos estudiaron, algunos llegaron hasta a la universidad. Pero no esperábamos esto. Ahora, por tercera vez, tendremos que empezar de cero.

Lo difícil puede ser algo positivo

Felipe Fuentes de Utz Ché, una de las organizaciones contrapartes de We Effect en Guatemala, ha apoyado a la comunidad en sus esfuerzos. Él ha visto las fortalezas de la unidad del grupo y los avances que ha traído durante la situación difícil que están viviendo.

– Aquí han florecido nuevos liderazgos. Jóvenes y mujeres que anteriormente no eran parte de la dirigencia, han asumido grandes responsabilidades. Y la unidad les da fuerza para seguir adelante.

Para Simeón ha sido importante mantener una postura fuerte y positiva. Las situaciones difíciles las prefiere ver como algo que les fortalece.

– Mientras estamos vivos haremos lo que se puede. Sabemos que tenemos una capacidad de superarnos, y eso nos hace seguir adelante. Para los jóvenes es un poco más difícil, ellos no tienen la misma experiencia. Sueñan con poder seguir viviendo en el lugar que siempre ha sido su hogar.

No podemos quedarnos en una zona de alto riesgo

– Hoy, al ver nuestra comunidad, pareciera que no ha pasado nada. Las viviendas, ahí están, igual que antes. Pero nuestros cultivos se han perdido y los lahares del volcán llegaron a solo 500 metros de nuestras casas. Tal vez podemos recuperar el 25 por ciento de los cultivos de café, pero no podemos vivir aquí. ¿Qué pasa la próxima vez que haya una erupción?

Desde principios de julio, La Trinidad, junto a otras comunidades vecinas, es proclamada zona de riesgo. Sin embargo, la población no ha recibido ningun apoyo por parte de las autoridades para encontrar un nuevo lugar donde vivir. Hoy, la población de La Trinidad está dividida en varios albergues provisionales. Algunas personas están en Escuintla, otras en Palín. La dirigencia sigue reuniéndose, tratando de buscar una solución a largo plazo.

– Los que estamos al frente tenemos que mostrar unidad y fuerza en este tiempo difícil. Aunque no estemos juntos por el momento, estamos buscando soluciones para todas y todos. Tomamos en cuenta los sentimientos de todas y todos. Porque vamos al mismo objetivo.

Y algo que ya está claro es que Simeón y el resto de la comunidad La Trinidad no se dará por vencida.

– Sabemos que hay acuerdos que no se han cumplido y que hay una obligación del Estado. Juntos lograremos una solución.