Fe y Esperanza – y un sueño de una vivienda hecho realidad

POR: LIINU DIAZ RäMö

Silvia Martínez vive en la cooperativa de vivienda por ayuda mutua Fe y Esperanza, en las cercanías de la Ciudad de Guatemala. Antes, Silvia compartía una casa con sus dos hijos, su hermano y la familia de él, y sus padres. El camino hacia una casa ha sido largo, pero hoy Silvia es una orgullosa dueña de toda una cooperativa de viviendas.

Por mucho tiempo Silvia soñó con su propia casa para ella y su familia. Durante varios años intentó ahorrar para comprar una casa, pero no fue fácil. Guatemala tiene uno de los peores niveles de déficit habitacionales de Centroamérica –  más del 67 por ciento de la población carece de una vivienda o vive en una vivienda deficiente.

– Para los pobres, no hay una política de vivienda aquí en Guatemala, debemos encontrar nuestras propias formas de resolver nuestro problema. Yo uní a la cooperativa en 2004, y después de casi diez años de lucha logramos finalizar nuestras viviendas. Fue una larga espera, pero ahora estamos muy felices. Mis hijos tienen un lugar seguro para crecer, y eso significa todo para mí.

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La Cooperativa Fe y Esperanza. Foto: Liinu Diaz Rämö.En el huerto de la cooperativa todo es orgánico. Foto: Liinu Diaz Rämö.Silvia afuera de su casa. Foto: Liinu Diaz Rämö.

– El apoyo de We Effect fue muy importante, porque nunca nos dejaron rendirnos. En todos los momentos que tuve mis dudas sobre el proyecto de vivienda, ustedes estuvieron allí, apoyándonos y alentándonos.

Para los habitantes en la cooperativa Fe y Esperanza, la vivienda es el comienzo de un nuevo viaje, definitivamente no es el final. Hace algunos años, la cooperativa, con el apoyo de We Effect, comenzó un huerto organopónico. Aquí cultivan verduras, legumbres y frutas. Es una forma de asegurar la alimentación de las familias en la cooperativa y también sirve para reducir sus gastos.
– Aquí todo es orgánico, sabemos lo que cultivamos y lo que consumimos. Nuestros hijos consumen alimentos saludables y no tenemos que ir al mercado para comprar verduras, dice Silvia con una gran sonrisa.