El invernadero que trae cambios

POR: LIINU DIAZ RäMö

En en el altiplano de Guatemala los tomates no se cultivan debido al clima frío durante los meses de invierno. Cuando el frío llega, todos los cultivos mueren. Con el apoyo de AIGMIM, Faustina construyó un invernadero para sembrar y cultivar tomates.

Este año Faustina obtuvo su primera cosecha de tomate y ella ya ha comenzado a prepararse para la nueva ronda. Según ella, la cosecha del año pasado fue pequeña, porque todavía está aprendiendo. Ahora, con sus nuevos conocimientos, espera duplicarla hasta el próximo año.

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Faustina está muy contenta con su invernadero. Foto: Claudio Vasquez Bianchi.Foto: Claudio Vasquez Bianchi. El invernadero es su propio proyecto, donde el dinero que Faustina genera es suyo. Foto: Claudio Vasquez Bianchi.Faustina también cultiva hortalizas y verduras que no necesitan un invernadero. Foto: Claudio Vasquez Bianchi.

A Faustina le gusta su invernadero, significa mucho para ella. Por primera vez, tiene su propio proyecto, donde el dinero que genera es suyo. Muchos tienen curiosidad por el invernadero. Los vecinos suelen venir y mirarlo, porque no existen otros invernaderos en el pueblo.

Tener un invernadero significa que Faustina y su familia pueden tener una dieta más variada y ya no necesitan comprar tomates en el mercado. A través de su producción ha podido ahorrar dinero y reinvertir en el cultivo. Hace poco Faustina se enfermó, pero como tenía un poco de dinero, pudo ir al doctor.

– Estoy orgullosa de mi invernadero. Para el futuro quiero construir otro más invernadero para expandir los cultivos. Me gustaría cultivar más cosas, como el jalapeño, porque es un producto que se puede vender un poco más caro en el mercado, dice Faustina con una sonrisa.