Nosotras alimentamos al mundo, pero no somos las dueñas de la tierra

Desde We Effect y el medio de comunicación feminista nativo digital LatFem adelantamos algunos de los principales resultados de una investigación que realizamos este año con el objetivo de conocer las realidades de las trabajadoras rurales, campesinas, indígenas y afrodescendientes en América Latina, y entender cómo se vinculan la lucha por la tierra y el derecho a la alimentación en clave feminista.

Según datos de GRAIN, las mujeres constituyen la mayoría del campesinado en el mundo y son responsables de la mitad de la producción de alimentos a nivel global, sin embargo son  son quienes sufren más hambre y quienes tienen menos acceso a la tierra para producir. La investigación realizada por We Effect América Latina y LatFem y reveló que, en los 5 países estudiados, sólo 3 de cada 10 mujeres tienen tierra a su nombre. Ellas trabajan la tierra pero los dueños son otros.

En Honduras, por ejemplo, “ninguna de las mujeres que estamos afiliadas a CODIMCA tenemos tierra”, contó Yasmín López, Coordinadora General del Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (CODIMCA), una de las defensoras entrevistadas para el estudio. Ellas producen en tierras que les presta un familiar o que deben rentar. “Pagamos un alquiler que el dueño de la tierra siempre nos cobra, produzcamos o no”, explicó López.

El 57% de las mujeres campesinas consultadas produce alimentos para consumo familiar, mientras que un 36% produce, además, para la venta. Aunque son quienes garantizan el alimento, especialmente para sus familias y comunidades, las mujeres producen en parcelas pequeñas que suelen ser de mala calidad y deben acondicionar para volverlas tierras productivas.

En los 5 países estudiados, el 73% de las campesinas encuestadas tienen acceso a menos de una hectárea (26% de las cuales produce en menos de un cuarto de hectárea). “Tenemos que reinventarnos a diario para garantizar, aunque sea, la cosecha de elotes que vamos a comer con los niños y las niñas”, dijo López.

Esta falta de acceso a la tierra es uno de los problemas más graves que enfrentan las mujeres rurales y no encuentra aún respuestas en políticas públicas, ni en programas de créditos o en leyes que promuevan el acceso a la tierra. Esta situación impacta de forma directa sobre el derecho a la alimentación de las mujeres, sus familias y comunidades.

“Que las mujeres campesinas, rurales, indígenas y afrodescendientes tengan acceso y control de la tierra es una condición fundamental para su empoderamiento económico, su autonomía y su derecho a una alimentación justa. La tierra en América Latina está concentrada en muy pocas manos, pero además las mujeres en general no son las que tienen la titularidad de la tierra familiar, en otros casos no son las que la trabajan cuando se trata de tierras de uso colectivo o comunitario, o bien no disfrutan ni deciden sobre los productos cuando logran tener acceso”, expresó Pia Stavås Meier, Directora Regional de We Effect para América Latina.

Stavås Meier enfatizó la necesidad de pensar el derecho a la alimentación de la mano con el acceso y uso justo de la tierra, desde prácticas ecológicas y con justicia de género. “Hablar del derecho a la alimentación pensando únicamente en la posibilidad de comprarla no permitirá que avancemos en el logro del segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible”, expresó.

La crisis que produjo la pandemia de COVID-19 dejó al descubierto que el sistema alimentario controlado por grandes empresas multinacionales no garantiza la seguridad alimentaria para todos y todas. El 57% de las mujeres rurales consultadas para el estuvo tuvo dificultades en el acceso a alimentos como consecuencia de la pandemia de COVID-19, y lo resolvieron por su cuenta o junto a su comunidad. Solo el 7% de ellas acudió a autoridades locales o nacionales para solicitar apoyo y un 17% aún no pudo resolverlo.

Esta situación deja en evidencia la importancia de que los Estados promuevan la soberanía alimentaria y se hagan eco de las propuestas que impulsan las organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes en la región.

Para cambiar esta realidad las voces de las mujeres campesinas deben ser escuchadas en instancias de debate y planificación de programas y políticas públicas a nivel nacional, regional y global, para garantizar el derecho a la alimentación y el acceso a la tierra a productoras locales. La 49ª reunión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) que se desarrolla en forma virtual esta semana es una gran oportunidad para esto.

“Al tener las mujeres un rol tan importante en el derecho a la alimentación y al ser ellas, las niñas y niños, quienes más sufren desnutrición, su participación en la búsqueda de alternativas es central y se debe abordar desde el enfoque basado en derechos. Como We Effect proponemos que se faciliten espacios para que las mujeres puedan tener una voz propia en estos procesos”, señaló Stavås Meier.

“Los datos y las historias de vida son fundamentales para que podamos hacer periodismo de calidad. El resultado de esta investigación nos ayudará a seguir pensando formas de disputar sentidos y narrativas desde el periodismo feminista sobre la lucha ambiental. El ecofeminismo necesita de nuevas narrativas para construir un mundo más justo”, dijo María Florencia Alcaraz, una de las co-directoras de LatFem.

Que las mujeres campesinas, rurales, indígenas y afrodescendientes tengan acceso y control de la tierra es una condición fundamental para su empoderamiento económico, su autonomía y su derecho a una alimentación justa.

Porque #NosotrasAlimentamosAlMundo exigimos #TierraParaLasQueLaTrabajan.

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Philip Krook, Oficial Regional de Comunicación, We Effect América Latina
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