La crisis de los cuidados en Honduras

Yamileth de Socorro con su nieto Alexi Castro | Foto: Anders Hansson

En Honduras, la situación de la mayoría de las mujeres se encuentra cruzada por múltiples y profundas desigualdades e injusticias, que tienen en común la condición de género, la pobreza y la desigualdad social.

El mercado laboral del país se caracteriza por una baja participación de las mujeres, donde apenas el 47 % en edad de trabajar tiene un empleo, mientras el 85 % de los hombres trabaja, según el informe «Diagnóstico de Trabajo» publicado por el Banco Mundial en 2020.

La vida de las mujeres se ve limitada, en muchos casos, por la sobrecarga de trabajo de cuidado — remunerado y no remunerado — que realizan. Este trabajo puede referirse a tareas como compras del hogar, trámites administrativos, limpiar la casa, lavar los platos, planchar, cocinar, acarrear agua, recoger leña, cuidar de niñas/niños, personas adultas mayores, personas con enfermas, el cuidado de la comunidad, los bienes y comunes, y los bienes públicos, entre muchas otras.

Las mujeres hacen al menos 2.5 veces más trabajo de cuidado que los hombres

Las mujeres hacen al menos 2.5 veces más trabajo de cuidado que los hombres. Esto se traduce en menos tiempo para dedicar al trabajo remunerado -cuando lo tienen- y en esos casos, ellas trabajan más horas para poder sobrellevar las dos labores.

Por otra parte, cuando el trabajo de cuidado es remunerado, como para las trabajadoras domésticas, suele estar infravalorado, excluido de los marcos jurídicos sobre el salario mínimo, no se generan contratos, no existen prestaciones, ni vacaciones y muchas de ellas laboran por largas jornadas de hasta doce horas, sumando a esto el cuidado que tienen que hacer en sus propios hogares.

En algunos casos, las mujeres aceptan quedarse a dormir en las casas que trabajan, lo que aumenta las labores, y en el actual contexto de pandemia por COVID-19, incrementa sus posibilidades de contagiarse sin contar con tratamientos adecuados por la falta de un seguro social que las proteja.

En 2020, la Secretaría de Salud, en un reporte de decesos, situó a las amas de casa como las principales víctimas de COVID-19. Se atribuye a que la mujer es quien se encarga de hacer las compras del hogar o en algunos casos de cuidar a los enfermos, por lo que tienen más exposición al virus.

Mujeres de diversas clases sociales han tenido que verse enfrentadas en un acto de malabarismo

“Durante la pandemia se ha visto cómo mujeres de diversas clases sociales han tenido que verse enfrentadas en un acto de malabarismo: combinar trabajo, cuidar niños, niñas, atención al hogar y un sinnúmero de tareas. Mujeres en posiciones muy vulnerables durante la crisis y que no cuentan con ningún apoyo”, asegura Diana Flores, representante de ONU Mujeres en Honduras.

Según esta organización, el valor del trabajo de cuidado no remunerado y del trabajo doméstico representa entre un 10 % y un 39 % del producto interno bruto; es decir que puede pesar más en la economía de un país que la industria manufacturera, el sector comercio o el de transporte.

Por sobre esto, es importante resaltar que la sobrecarga del trabajo de cuidado y la desigualdad en la distribución del mismo, obstaculizan el desarrollo personal de las mujeres, no permiten su participación económica en el mercado laboral, promueven una baja calidad del empleo femenino, falta de acceso a seguridad social, desigualdad en el acceso a la tierra para las mujeres campesinas y desigualdad en la participación política y la toma de decisiones colectivas, municipales y nacionales.

Ante esta situación, es necesario comprender la relevancia del trabajo de cuidado y el gran aporte que implica en la sociedad y que, además, no solo es una labor para las mujeres. El trabajo de cuidado tiene una importancia económica en la sostenibilidad y reproducción de la vida.

En ese sentido, ONU Mujeres y We Effect, en compañía de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (FES), el Centro de Estudios de la Mujer de Honduras (CEM-H), CARE Honduras y Brück Le Pont, han dado pie a una importante iniciativa que impulsa el análisis y reflexión de organizaciones diversas, entorno a la promoción de una economía del cuidado y la articulación de acciones para reducir la carga que tienen las mujeres.

Se debe incorporar la economía del cuidado como un pilar fundamental dentro de los derechos humanos

Para Sara Aviléz Tomé, oficial de género de We Effect en Honduras, aunar esfuerzos entre agencias de cooperación y oenegés para el desarrollo constituye “una gran oportunidad para fortalecer una agenda por la economía de los cuidados en este país”. Así mismo, Ever Guillén, representante de la misma organización, reafirma la necesidad de conjuntar estrategias para “trabajar por las mujeres que siempre han estado en segundo plano, invisibilizadas, excluidas y no reconocidas en todos los ámbitos del desarrollo humano”.

Con ese objetivo, We Effect promueve la generación de políticas públicas con presupuestos y programas que puedan garantizar los cuidados que todas las personas necesitan en todas las etapas de la vida.

De igual manera, las organizaciones involucradas, resaltan la importancia de la transversalización de los cuidados en todos los proyectos desarrollados desde sus diversos espacios; coincidiendo en la relevancia de una redistribución y democratización de los cuidados, su valoración y transformación en una nueva división equitativa donde se involucre tanto la participación masculina como la del Estado, de forma que permita el desarrollo y autonomía de las mujeres.

Mina Palacios, coordinadora nacional del programa Mujer, Economía Local y Territorio, de ONU Mujeres, rescata que se debe incorporar la economía del cuidado como un pilar fundamental dentro de los derechos humanos y a partir de esto construir un nuevo contrato social, municipal, comunitario y familiar, que venga acompañado de compromiso políticos, datos y estadísticas, institucionalidad, gobernanza, financiamiento e inversión en favor de la economía de los cuidados.

Una economía del cuidado que coloque en el centro la dignidad y la vida de las cuidadoras

Jennifer Erazo, coordinadora de programas de la FES, coincide en la importancia de “ampliar este debate entre todos los actores y actrices de la sociedad, aprovechando el contexto político electoral hondureño para potenciar varios acuerdos en la promoción de políticas públicas y fiscales”.

Así mismo, las organizaciones resaltan la relevancia de posicionar en el imaginario político y social la crisis de los cuidados, proponiendo varios ejes estratégicos para la promoción de una economía del cuidado que coloque en el centro la dignidad y la vida de las cuidadoras. Coinciden en que es un trabajo que tiene mucho por delante, que necesita tanto de mujeres y hombres para lograr sus objetivos, y que por lo tanto resulta necesario demandar grandes medidas de acción.

We Effect y ONU Mujeres, en compañía de la FES, el CEM-H, CARE Honduras, Brück Le Pont y otras organizaciones vinculadas a esta iniciativa, se han comprometido en continuar trabajando por una dignificación y colectivización de los cuidados, de forma que permita a las mujeres tener una mejor calidad de vida, disminuyendo las injusticias y desigualdades sociales que hoy sufre la mayoría.